Notas del día

Gracias Almendra

 

Por Alexis Castillo/ Lima / IG- Twitter: @alexisnoticia

Sucede con frecuencia: Ser atendido por vendedores desatentos, con escasa amabilidad o sin ella, imprecisos en su comunicación, sin ánimo para una sonrisa cordial e incluso hostiles.

A mi modo de ver, características contraproducentes para alguien que está en el negocio comercial, cuyo propósito es vender, más para el empleador.

Vender un producto, servicio e incluso un mensaje exige todo un conjunto de conocimientos, preparación, compromiso para manejar percepciones personales, dedicar esfuerzos suficientes.

En mi opinión, un excelente vendedor reúne características profesionales claves, como la capacidad de comunicación. Eso es un elemento diferenciador notable.

Si un cliente no encuentra satisfacción en la atención se marchará. Probablemente, realice la compra por imperiosa necesidad, no obstante, más adelante propagará una mala publicidad sobre la empresa. La reputación de la marca es algo de mucho cuidado.

Soy un crítico acérrimo de los pésimos vendedores, sobre todo de aquellos sin elocuencia, facilidad de expresión. Más cuando forman parte de las filas de grandes compañías, que uno supone invierten en formar y formar a su personal.

La tía Betty

Hace días me tocó acompañar a mi tía Betty a adquirir un equipo celular. Ella sólo necesitaba un buen móvil, una marca de calidad y un plan acorde a su interés. Nada imposible.

Sin embargo, solicitar algo tan sencillo a representantes de mercadeo de las telefónicas Claro (@claroperu) y Movistar (@movistarperu), terminó por evidenciar fallas estrepitosas en la atención al público. No quiero juzgar a toda una corporación por lo que a continuación voy a contar, pero aspiro sirva de reflexión.

La primera parada la hicimos en los puntos de venta de Claro, ubicados en la avenida Brasil en Lima. Fueron dos desagradables experiencias. Acudimos a consultar precios y ver equipos en el punto ubicado en Plaza Vea, av. Brasil 1599, Jesús María. Nos marchamos con muy mal sabor de boca, por cuanto el vendedor estuvo siempre interesado en vender lo que mi tía no quería.

Su comunicación oral y gestual jamás fueron atributos. Nunca un saludo de bienvenida, un gesto de mínima cortesía. Lejos de persuadir al cliente, estaba incómodo por una clienta que hacía muchas preguntas y como guinda en el pastel, pretendió desvalorizar la capacidad de pago de mi tía por un equipo costoso. Error fatal. Dimos media vuelta y nos marchamos.

Caminamos hasta La Rambla en la av. Brasil 702, Breña.  Todo el trayecto la tía Betty estuvo molesta por el trato ofrecido en Claro. Renegó y renegó hasta que llegamos al agente autorizado de esta misma empresa en ese centro comercial.

Toda la experiencia se las resumo en pocas palabras:   Perdida de tiempo, gritos de la despachadora al vendedor y, por si fuera poco, pretender un cobro no cónsono con la oferta explicada anticipadamente, hasta desembocar en el respeto al usuario. Tampoco prosperó la compra.

Subimos al segundo piso y entramos a las oficinas de Movistar. Allí la cordialidad ofrecida a la entrada se desvaneció al llegar a la taquilla del operador. Ya eran alrededor de las 4:30 pm. El chico de atención mostró una actitud propia de la rutinización, notamos de inmediato el cansancio de tener que repetir características y cualidades de equipos celulares,  una apatía que mereció de mi parte un llamado de atención.

Por supuesto, la tía Betty no consiguió ni el móvil deseado, tampoco estaba complacida con las maneras en el trato.

“Tienes necesidad de un curso o capacitación para que aprendas a tratar mejor a un cliente”, le expresé respetuosamente al vendedor de Movistar. Acto seguido nos marchamos sin solución.

Nos dirigimos a los puntos de venta ubicados en Ripley (allí en La Rambla). La tía Betty decidió consultar a la vendedora de una empresa que era un descubrimiento: Entel (@entelperu). La chica nos dio la bienvenida en un tono amable, se identificó: Mi nombre es Almendra.

Sin mayor demora preguntó a la tía sobre lo que necesitaba comprar, le explicó clara y pausadamente las ventajas de llevarse tal o cual equipo.  No fue difícil ver en su desenvolvimiento su conexión emocional, había en ella un interés manifiesto por vender con disposición sobresaliente. Desplegó empatía.

Almendra no sólo hizo bien su trabajo: Vende, además mostró en su expresión oral y corporal sus cualidades de comunicadora efectiva, de liderazgo y proactividad. Hasta nos hizo sonreír, era como si nos conocía de antes.  Terminamos los tres a gusto con la compra-venta. Le felicité por su eficiencia y buen desempeño.

Creo que Almendra nos deja no sólo un buen ejemplo, sino una grata reflexión. Su labor forma parte de un plus que pocos brindan, que muchas empresas descuidan porque a cuenta de nombres rimbombantes ya creen que todo está hecho. Es una cualidad intangible que aporta resultados extraordinarios.

Me gustaría siempre ser atendido por muchas vendedoras como esta chica peruana de voz dulce y sonrisa amigable. Gracias Almendra.

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2 pensamientos en “Gracias Almendra

  1. A leer está publicación me parece muy interesante y me deja claro que de aquella experiencia se puede sacar conclusiones muy ciertas,que para ser un buen vendedor tiene que ser un buen comunicador y animador del producto que ofreces.
    Otra conclusión que nos queda claro es que en el país nos falta mucho aprender hacer un buen vendedor.

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