Opinión

GANAMOS TODOS

Por: Alexis Castillo (@alexisnoticia / IG: @massperiodismo)

 

La atención es un factor supremamente importante a la hora de despertar reacciones.

Si usted tiene un restaurante, una venta de dulces, abarrotes, pastelería o tienda en el rubro que sea, y atiende poco o mal a una persona, verá alejarse su posibilidad de vender su mercancía, ese cliente jamás volverá y por si fuera poco: le hará pésima publicidad a donde vaya.

De allí que la calidad del servicio tiene que ser una prioridad en todo lugar donde se reciban personas. Sobre todo, si se trata de un país con atractivo turístico como Perú.

Llevo más de un mes en Lima y son múltiples los contrastes que he notado con respecto al trato hacia la gente, entre peruanos y la atención ofrecida al foráneo. Con este breve artículo me propongo contribuir a mejorar lo que sea necesario.

Lo primero que debo puntualizar es que el peruano no es tan liberal y abierto. Es cordial, pero necesita mostrar más su sonrisa, ser más atentos y esmerarse en el cuidado de los detalles (que muchas veces son los que hacen la diferencia).

Han sido contados con los dedos de la mano, los dueños de restaurantes que se acercan y preguntan al comensal si les ha gustado la comida o necesitan algo adicional.

Los mozos o azafatas no pueden ser robots, un personal en automático con mentalidad de servidumbre. Los transportistas públicos, los cobradores, los agentes de fiscalización del tránsito, los policías, los funcionarios públicos, deben comprender que Perú es turismo y su excelencia exige un comportamiento a la altura.

Hay necesidad de un entrenamiento más allá de cómo servir un trago, arreglar los platos en la mesa, tomar nota de un pedido, solicitar un documento o explicar una dirección a algún pasajero.

Debe haber mayor difusión de información al respecto, promoverse una campaña sostenida, inteligente y asertiva, estimularse aguas arriba y abajo una capacitación sobre el valor de la atención al público.

La comunicación gestual y oral son claves para que una persona se sienta agradada o cómoda. La palabra hablada es crucial, por ello, hay que mantener un buen lenguaje, el tono apropiado. Inclusive, hasta la vestimenta y sus colores proyecta un mensaje.

Que el empleado o empleada sepa lo estratégico que es brindar una sonrisa y desplegar la cortesía será indispensable si se quiere una clientela fija, permanente, que aún si éste no consigue lo que ha ido a buscar, ofrezca una excelente recomendación del lugar. Se vaya conforme, agradado.

El turismo va más allá de un paisaje, una comida sabrosa, una artesanía o un sitio jamás visto. Lo hace insuperable la calidez, la amabilidad, cordialidad, la creatividad, la iniciativa en los detalles, procurar siempre la satisfacción a propios y visitantes.

La calidad de la atención y de los servicios es un asunto desigual internacionalmente, tienes sus pro y contras en Latinoamérica. No obstante, en Perú es posible fortalecerlo si se dan los pasos apropiados en esta dirección, si se comprende plenamente lo relevante de sus ventajas.

Si Perú alcanza valor agregado y mayor calidad en la atención al público, despuntará como destino turístico en la región, se difundirán más sus casos positivos, sus éxitos, sus mejores experiencias. Ganamos todos.

 

Castialexis@gmail.com

 

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