Opinión/Uncategorized

Pan y Circo

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Alexis Castillo/ @alexisnoticia

masperiodismo@gmail.com

En días pasados recorrí no menos de cuatro farmacias preguntando por un antibiótico, una osadía triste esperar comprarlo fácilmente. No lo conseguí, porque en ninguna farmacia había existencia de antibióticos como tampoco de tantos medicamentos que solicita la población. No quedó de otra que contar hasta 10 y recordar de regreso a casa que esto es una vergüenza, cuando he vivido en un país que lo ha tenido absolutamente todo económicamente a cuesta de la renta petrolera.

Es una pesadilla. Me angustia tan sólo pensar en los millones de enfermos y personas de todas las edades que necesitan un medicamento de mayor potencia para evitar un cuadro crónico. Pienso en los padres y madres que intentarán desesperadamente encontrar un fármaco para sus hijos en delicado estado de salud. En los abuelos, en lo inútil que debe ser rabiar por causa de la escasez.

Eso sin mencionar la hazaña cotidiana al comprar alimentos, repuestos, ahorrar, estirar los churupitos de la quincena. Lo complicado que debe ser para un venezolano sobrevivir con el sueldo, encontrar seguridad en las calles. Cada vez que recorro a pie calles y avenidas de Barcelona y Puerto La Cruz, evidencio como más y más gente está militando en la economía realenga, me invade la frustración, el malestar. Me pregunto y repregunto por qué tanta torpeza administrativa, gubernamental, política,  tanta insensibilidad para con tanta gente con sueños y esperanzas de un mundo mejor, de un país próspero, de un estado Anzoátegui de grandes oportunidades y bienestar, porque tenemos todo en esta región para progresar.

Son imágenes de la punta de un iceberg, porque podría enumerar más penurias que me generan un caudal de desasosiego. Pero me invade una tremenda angustia que en estos tiempos de dificultades, todavía entre quienes aspiran y se promueven como promotores del cambio (al menos en el discurso), nos muestren un comportamiento absolutamente errático, remalo y cuestionable.

Me refiero a la reiteración del  “pan y circo” por parte de algunos (porque no generalizo) de autodenominados “dirigentes”. Es inconcebible que en un tiempo de inevitable lamento económico, cuando más la circunstancia exige la práctica de la inteligencia  en pro de estimular la reflexión ciudadana por tan desastroso estado de cosas, todavía existan promotores de la comparsa, del gasto desbocado, un despropósito que reconfirma del qué están hechos algunos “dirigentes” (entrecomillas por las dudas) a la hora de buscar indulgencias, reconocimiento, votos, bajo un cálculo nefasto bajo la premisa: démosle al pueblo una dosis de anestesia frente a tanto drama.

Me niego a asumir que es imposible recuperar la cordura, pensar en un verdadero gestor del liderazgo, con capacidad para influir en las masas apostando al concurso de las ideas para mejorar el entorno, con inventiva, dedicación cerebral para incentivar la reflexión ciudadana en tiempos de oscurantismo político. Si esto sólo es posible en sueños, entonces desconocía tanta equivocación junta.

Afirmo y reafirmo que el país no está bien, ni tranquilo, ni en paz, ni la gente contenta. Creo más bien, que es momento de un liderazgo que nos haga ponernos de pie con hechos y mensajes fuera de serie. Capaz de levantarnos del asiento cómodo de la zona de confort y llevarnos a hacer algo nuevo, de lo contrario, no tendremos nada nuevo en los próximos años.

Acaso, ¿es impensable encontrar un constructor de victorias que no malgaste el dinero en templetes y cervezas? ¿Habrá quienes en vez de insistir en el “pan y circo” en estos carnavales, sorprendan diferenciándose con actos que reaviven la importancia por los valores familiares, el deporte, el aprendizaje, apoyar las campañas contra la no violencia, la salud sexual, los niños que siguen sumergidos en los laberintos de esta ciudad salvaje?

¿Es tan difícil echar mano de un mensaje original centrado en revalorizar la esperanza entre tanta mediocridad y pesimismo? Estamos en un tiempo histórico que invita a TODOS los hombres y mujeres a cambiar y mejorar el presente.

Si eso luce complicado, entonces, sostengo que hemos llegado al llegadero de la falta de creatividad política. Al ver tanta exacerbación del gasto público en rumbas, estalla en la cara lo mismo que tanto criticamos: la repetición del “pan y circo” que deja pasar el tren del cambio real, sustancial, que aporta al ser humano, que nos deja más como responsables de una transformación necesaria.

Me niego a creer en individualidades o grupos que nos quiera llevar como rebaño a la fiesta y nos consigan caña gratis, que nos muevan más el interés por ir a mover el esqueleto en una parranda, sin siquiera apelar a una actividad deportiva que rinde más y es de un valor superior.

Que me perdonen, pero, si la creencia del “pan y circo” es la bandera por creer que esto reafirma bajo la excusa del gusto popular, entonces esto es más de lo mismo, o quizá algo peor.

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