Crónicas

Rápido como proyectil

MOTO 1

Texto y fotos: Alexis Castillo/@alexisnoticia

Una ruleta rusa, puede ser el ir y venir en mototaxi. Se surcan vías, calles y avenidas en una travesía veloz, por trayectos copados por el parque automotor. Es un servicio que en Venezuela se ha reproducido como virus, con choferes organizados en colectivos en cuyas filas encontramos mayormente a hombres jóvenes, identificados con chalecos color naranja chillón, numerados y dispuestos a movilizarle tan rápido como sea posible.

El traslado en dos ruedas puede resultar barato para algunos, práctico porque esquiva trancas incómodas que impiden llegar temprano al trabajo u otro lugar. Es un modo de subsistencia laboral en este país donde el comercio informal reina sin despeinarse entre la anarquía. Un ejército de conductores ha convertido el servicio de mototaxi en su forma de ingreso económico ante la ausencia de empleo estable que exige profesionalización, capacitación y reglas empresariales.

Se les ve rodando por todos lados en vías de Caracas, donde son el pan de cada día, yendo o viniendo a velocidad de vértigo. Han ganado mala reputación por saltarse las reglas de circulación vial con tal de llegar raudos a su destino, su comportamiento hostil si les niegan el paso, por ignorar la luz roja del orden citadino, amén de la asociación con prácticas delictivas:   Hurtos, fleteo y asesinatos bajo la modalidad de sicariato.

Deben lidiar con el reproche a sus espaldas. Sin embargo, movilizarse a bordo de una mototaxi  en una urbe como Caracas,  de colas maratónicas, azarosa y caótica es necesario.

Si es un pasajero todo terreno, será sencillo embarcarse a bordo de uno de estos caballos de hierro. Uno asume que va con un motorizado experto en cruzar estos caminos de asfalto, evasor cínico de colas, de señales y luces del semáforo. En realidad, si el susto se instala en su cuerpo y mente, relájese, porque cualquier desequilibrio lo expone a una aparatosa caída.

MOTO 2

 Motorizados conviven con mala fama por hurtos, fleteo y asesinatos

Me dirijo a una parada donde los choferes pugnan verbalmente por un pasajero. Estoy frente al Centro Comercial Tamanaco en Chacao y necesito ir a una estación de radio ubicada en El Paraíso. Mi ruta es en sentido este- oeste de la ciudad. Al principio dudo en subir, pues el chofer desconoce de la dirección y consulta a otros sobre el cómo dar con la zona donde está la estación. Luego de unos minutos me afirma estar claro a dónde iremos.

Son  las 8:30am y hay buen clima. Me pongo en la cabeza un casco negro que me entrega el chofer. Al principio me cuesta colocármelo por lo flojo de la abrazadera que da justo en mi barbilla, pero cierra sin problema.

Le pregunto a Esteban (el motorizado) si está acostumbrado a los pasajeros temerosos, y se ríe como si contara una travesura. “Muchas chicas o señoras me abrazan más fuerte de lo normal y eso es porque van nerviosas”, contó sin negar que los caballeros también se asusten. Muchos intentan el autocontrol mental, otros sujetan bien los dedos de las manos a la parrillera de la moto, aunque es imposible no sentir nervios laxantes.

Mi recorrido se hace ágil y durante el viaje pongo atención en los alrededores, el paisaje y el pitido constante del mototaxista que advierte a los automovilistas de su presencia. No hay vehículo que se interponga entre la vía y el motorizado.

La carrera me costó 200 bolívares, una tarifa que se ajusta en cada línea de mototaxis dependiendo de la distancia que requiera el cliente. Los costos son similares a los taxistas de cuatro ruedas.

Viajamos zigzagueando entre la anarquía, como torpedo entre la espesura del tránsito ruidoso que fluye por la autopista. En varios puntos a lo largo de esta vía, observo sectores montañosos que descubren la majestad del Ávila. Es una mañana fresca y la brisa choca con mi rostro.

MOTO 3

Viajamos zigzagueando entre la anarquía, como torpedo entre la espesura del tránsito ruidoso

En otros tramos me invade el temor por la sensación de tener las rodillas expuestas a cualquier tren delantero, me genera ansiedad. El chofer esquiva la obstrucción del tráfico atravesando un laberinto formado por los autos. Sus giros intrépidos me obligan a cerrar los ojos por instantes.

Esteban es un chico humilde oriundo de Barquisimeto, que llegó hace ocho años a casa de sus abuelos paternos.  “Trabajé como mesonero, seguridad en una discoteca y vigilante, hasta que pude ahorrar para comprarme esta moto. Ahora me va bien”, dice.

Este muchacho padre de una niña de dos años y a sus 29 años afirma que no cambia a Caracas por otro lugar. “Aquí la vida es azarosa, cierto, pero hay más chance de salir adelante”, dice sin perder la mirada en la ruta. Recordó haber sido víctima en dos intentos de robo.

“La primera vez fue una mujer que monté en Plaza Venezuela y portaba una pistola. Me tumbó con ayuda de dos compinches en otra zona a la que la llevé”, relató. Los robos son cosa común en Caracas, pocos choferes y pasajeros escapan de esta situación.  “La última vez me intentaron atracar fue haciendo un servicio y tuve la suerte que me dejaron tranquilo, pues no tenía plata. La estoy contando gracias a Dios”, agregó antes de atender el celular que le repica en un tono vallenatero. Abre la llamada y lo inserta en la oreja izquierda. La presión del casco le sirve como manos libres.

MOTO 4

Son las 9:34 am y un choque se interpone a la altura de la avenida José Antonio Páez. La circulación masiva se torna densa y amenaza con demorarnos. Sin embargo, un mototaxista no repara en hacer uso de canales alternos que le permitan escapar con desparpajo.

Otros compañeros de fórmula le secundan, algunos se acercan e incluso le orientan por dónde esquivar trancas. Hay quienes en su desplazamiento sufren caídas y accidentes incluso con saldos fatales. Esto es parte de los peligros que implica tomar este servicio.

Las estadísticas de siniestralidad por exceso de velocidad y consumo de alcohol entre motorizados, reflejan una tasa dominante  de fallecidos en su mayoría jóvenes entre 20 y 30 años de edad. Los mototaxistas son protagonistas de emergencias hospitalarias por lesiones. Es la consecuencia que ninguno quiere correr.

El reloj marca las 9:50am. He llegado a mi destino, todo ha resultado en un viaje extremo, pero sin mayores sobresaltos. Le agradezco al joven conductor y la oportunidad de charlar. Ha sido un viaje interesante y atípico, pero que me ha permitido un registro más directo de este servicio polémico, un traslado indómito, útil, en una ciudad de locura donde el motorizado es dueño y señor de la vía.

Le recomiendo ver: http://www.youtube.com/watch?v=290lg818rrw

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s