Opinión

TE GUSTE O NO

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Alexis Castillo/ @alexisnoticia

Te guste o no, necesario es razonar. ¿Vale la pena causar malestar al prójimo por un odio político? ¿Está bien que mandemos a un hijo a incendiar un caucho por reivindicar una protesta? ¿Es lógico hacer pagar a otros nuestras rabias y frustraciones? ¿Es válido incitar a otros por el odio? ¿Es rentable la violencia?

Habrá quién escupa sobre tales interrogantes argumentando el malestar general, las colas por comprar alimentos en un país rico en petróleo, la falta de productos, desempleo, economía epiléptica, inseguridad, etcétera.

Con todo y ello, jamás dispararía a quien no comparte mi punto de vista, nunca golpearía por una diferencia ideológica y menos le causaría un daño irreparable a otro por desacuerdos políticos.

No avalo acciones que perjudican. He buscado y escuchado testimonios sobre arremetidas policiales tras las guarimbas y protestas. Me han hablado sobre lo ocurrido el día jueves 20 de febrero a las 5:00 am en la pasarela de Boyacá en Barcelona. Fue el día en que un grupo de personas decidió armar una barricada en esta zona.

El reporte de Polianzoátegui, vía radiofrecuencia,  indicaba presencia de aceite de carro en la vía, alambres con púas (tipo trinchera o mejor conocido como Miguelito), además de cauchos, palos, piedras y objetos.

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La llegada de los agentes del orden al lugar no tuvo bienvenida con aplausos, al contrario, se encontraron de frente con una lluvia de piedras. Resultado: la carga policial y los detenidos que hoy están siendo sometidos a un proceso judicial. Un Balance triste.

Situación similar ocurrió en Lechería, específicamente en Morro Humbolt. Los manifestantes en el lugar chorrearon con aceite de carro la vialidad y las caminerías, algo torpe si consideramos que cualquier persona puede ver comprometida su vida al deslizarse su automóvil por este lubricante. En la avenida Rómulo Gallegos en Caracas cayó la primera de las víctimas.

Los vecinos de Morro Humbolt incurrieron en otras torpezas. También armaron una barricada y cortaron el paso vehicular por la av. Américo Vespucio. La policía de Anzoátegui recurrió a despejar la vía. Primero había enviado una comisión para dialogar con los manifestantes y acordar el despeje de la ruta. Al final no hubo vía libre.

Durante esa mañana Poliurbaneja recibió llamadas de reclamo de vecinos de edificios adyacentes molestos por el humo tóxico generado por la quema de cauchos. La policía mantuvo su comportamiento pasivo.

He recorrido por las noches varios sitios donde ocurren quemas de caucho y cacerolean sin cesar. He observado como niños y adolescentes rocían combustible a la basura o los cauchos en medio de la vía para prender la barricada. Si alguien comparte que esta acción es honorífica, difiero en ello. Me perdonan pero no es un ejemplo a seguir.

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¿Es legal cerrar una calle o avenida? Más allá de pretender calificar dicha actuación de arbitraria, revisemos la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que dispone en el artículo 50: “Toda persona puede transitar libremente y por cualquier medio por el territorio nacional… trasladar sus bienes…”. Es el derecho al libre tránsito recogido asimismo por la Ley de Transporte Terrestre y la mayoría de las ordenanzas municipales. 

Es inconstitucional cerrar las calles de forma absoluta, permanente o completa. Y es que el derecho a la vida es primordial; no es lícito ejercer un derecho violando otro.

Exigir y protestar no es sinónimo de ofender, insultar y humillar al otro. Actuar de esta forma es lo mismo que hacen algunos políticos que sacan provecho de estas situaciones con fines electorales.

Es justamente en lo que se está incurriendo al vulnerar el derecho de otros a circular sin interferencias. Es peor, cuando se repite lo que tanto se critica.

El 12 de febrero, principio de las protestas en Anzoátegui,  discutía con un dama en el Crucero de Lechería. Me exhortaba a no sugerir a los universitarios evitar el cierre de vías como la avenida Intercomunal. La mujer, que tomó la palabra sin ton ni son,  estalló en ira cuando escuchó decir que no era sensato afectar a muchos por la arrechera contra el gobierno nacional. “Deja que ellos decidan si trancan o no, porque ya basta de ser pacíficos”, dijo tajante, tan alterada que pensé que estallaría del rojo en su rostro.

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Tras varios minutos de reproche, la señora expresó que cualquier acción  que tomarán los jóvenes era bienvenida. Si alguien pretende justificarme la muerte, la violencia y el caos para incitar un cambio, debo advertirle que está equivocado. Querer ser héroes a costa de destrozar la dignidad, golpear la autoestima, violar las reglas para imponer, matar, cercenar, reprimir, coartar, es tan absurdo como cobarde.

La protesta no es cuestión de grupos de vecinos de zonas pudientes o de clase media. La manifestación de hartazgo, molestia e indignación por comprar un papel higiénico después de cinco horas de cola también debe tener eco en los barrios, en zonas populares, pobres, en emergencia. Allí también hay venezolanos que significan, cabe preguntarse si están dispuestos a acompañar las guarimbas y protestas.

Guste o no, la lógica, el sentido común dictan que fuera de la Constitución nada. Si alguien quiere hacer ver que para lograr un cambio gubernamental debo exhibir una matanza, cadáveres y destrozar la patria, tengan por seguro que contarán con mi repudio.

Son tan responsables de este desastre el que vota porque se beneficia del gobierno corrupto, como el que incumple su deber de decidir. Aquí hay que aprender a ser ciudadanos, no simples votantes mecánicos, gente ganada siempre a la queja.

No defiendo muertes en las calles, vandalismos, no respaldo acciones orientadas a sembrar el terror. Si algunos se aferran a esta perdición en su desesperación política, es mejor un psiquiatra a tiempo.

No escondo las penurias que afronta mi amada Venezuela,  tan rica y tan urgida de productos elementales en la vida cotidiana que da vergüenza.

Estoy queriendo llamar la atención sobre el descontrol, la agresión gradual, la incitación al odio, el uso de la fuerza pública, los ataques oficiales, la censura, la anarquía al que está siendo sometida Venezuela.

Si todos ponemos de nuestra parte, podemos llevar a cabo protestas pacíficas, normales como acostumbran las protestas, pero no vengan con querer perjudicar a particulares que no tienen porque sufrir el mal humor de nadie. No me da la gana de plegarme a un mal libreto de historias de terror.

 Te guste o no, quiero paz para Venezuela.

 

 

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