Crónica

Viaje al imperio del Guácharo

Texto y Fotos: Alexis Castillo (@alexisnoticia)

Si usted es claustrofóbico, le da pánico la oscuridad o cuando ve un ratón, ni intente tomar el paseo que le ofrecen al interior de la Cueva del Guácharo, en Caripe, estado Monagas, Venezuela.

No es que sea aterrador este viaje al interior del monumento natural ubicado en tierras orientales, cálmese,  por el contrario, pero la idea es disfrutarlo sin sufrir por sustos y espantos.

Dependerá de la zona desde la que venga, pero estando en el pueblo de Caripe le demorará –yendo en automóvil- entre 10 y 15 minutos llegar hasta la zona recreacional donde está permitida la entrada a esta cueva decretada primer patrimonio ecológico en 1949.

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Se trata de un sitio montañoso, tapizado de árboles y mucha vegetación. Lo administra en su uso y servicios el Instituto Nacional de Parques (Imparques). Cuando llega tiene que tener un poco de paciencia, sobre todo si va en temporada, por cuanto es tanto el gentío que se hace un lío estacionar.

En taquilla debe comprar un ticket de entrada con valor de 10 bolívares y otros 5 bolívares le costará alquilar un par de botas plásticas, porque dentro pisará no sólo excremento del pájaro autóctono de la zona que habita en el interior de la caverna, sino barro, agua, el suelo es húmedo, en fin le conviene seguir esta recomendación.

El paseo es supervisado y explicado por guías atentos de Imparques, un personal que merece un aplauso por su amabilidad y dedicación. Mi viaje junto a un grupo de unas 14 personas estuvo a cargo del señor Domingo, un hombre de pequeña estatura, rollizo, servicial y con sentido del humor.

Lo primero que le remarca Domingo al visitante son las normas a seguir: nada de adelantar al guía y prestar atención a las indicaciones, una de ellas, hacerse a la derecha cuando se observe de regreso a otros que participan de esta excursión. También advertir si decide no continuar la caminata.

El acceso principal de esta formación geológica se asemeja a las fauces abiertas de un depredador con sus colmillos largos y puntiagudos. A los dispuestos y curiosos le invaden las ganas de explorarla como lo hizo el científico alemán Alejandro Von Humboldt, naturalista que la dio a conocer al mundo a través de su estudio en 1799.

Rumbo a las entrañas de la cueva, nuestro guía se vale de una lámpara para alumbrarnos la senda y relatarnos el simbolismo de algunos tramos, grietas, montículos y formaciones.

En este ínterin se escucha a los Guácharos con sus graznidos y sonidos que les sirven como ondas que les impiden chocar contra cualquier roca interna, por cuanto dentro reina la oscuridad absoluta y su sistema de radar es sónico, muy en la onda de los murciélagos que igual vuelan utilizando sus ondas “ecolocalizadoras”.

“No es cierto que el Guácharo viaja a Brasil a comer y regresa a Caripe, es más leyenda que otra cosa”, afirma, mientras va paso a paso con la lámpara en su mano. Todos los que le seguimos vamos a tientas algunas veces, con cuidado para no tropezar o resbalar.

El Guácharo  es de color rojizo, con rayas negras y blancas. “Es la única ave frugívora, es decir, come nueces de palma, se alimenta por la noche y durante el día permanece en la cueva, en sus nidos”, agrega Domingo y nos muestra una semilla recogida del suelo con barro negruzco.

La experiencia de andar por las entrañas de este refugio con más de 130 años de formación se torna exigente en algunas áreas, porque usted debe subir y bajar como especie de escalones o desniveles. La luz de la entrada principal nos orienta hasta el extremo final y le permite al guía indicarnos que esta señal era también la brújula de los indígenas de la zona que utilizaban esta cueva.

“Los indios Chaimas o Caripe pensaban que hasta donde llegaba la luz era el fin de la cueva, porque más allá estaba el lugar donde reposaban su ancestros”, añade Domingo.

Mientras uno va caminando es posible tropezarse con ratones escurridizos, gordos, grises y blancos,  grandes que parecen un conejo, con grillos grandotes, con estructuras rocosas que semejan figuras humanas, se respira en una alta humedad, con olor a tierra mojada concentrada.

El paseo de ida y vuelta es seguro, divertido. No olvide que al término del viaje usted debe entregar las botas prestadas, así que límpielas en los cauces de agua que circundan la entrada esta cueva  donde la oscuridad lo envuelve todo, es la emperatriz en este escondite misterioso.

Si cumplió la caminata de principio a fin, atravesó hacia el territorio de un ave única, icónica, inspiradora de cuentos locales. Sólo es posible es Caripe, en Venezuela, donde todo es posible. Vaya disfrute de este vistazo al imperio del Guácharo.

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Domingo es un excelente anfitrión y guía

Domingo es un excelente anfitrión y guía

La expedición al interior de la cueva se hace con un guía experto

La expedición al interior de la cueva se hace con un guía experto

En la caverna observará formaciones rocosas con figuras curiosas

En la caverna observará formaciones rocosas con figuras curiosas

La luz se proyecta de principio a fin en la cueva

La luz se proyecta de principio a fin en la cueva

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